ITAM Río Hondo

Historias "ITAM 70 años"

Al Doctor Carlos de la Isla; un gran maestro y una gran persona, por Antonio Rey Tamayo Neyra

Haber tenido la oportunidad de conocer al doctor Carlos de la Isla en mi juventud marcó de forma positiva el resto de mi vida, aprendí cosas que van más allá de lo visto en un salón de clase.

Antonio Rey Tamayo Neyra
Exalumno de la Licenciatura en Administración, generación 1973-1977

Con tan solo 17 años de edad, llegué al ITAM en septiembre de 1973 para estudiar la carrera de Administración, proveniente de una pequeña preparatoria del interior del país, por lo que al llegar al ITAM quedé deslumbrado por sus maestros y ambiente académico.

Al cursar la materia de “Problemas de la Ciencia y de la Técnica I” con el doctor De la Isla, me sentí impresionado por su personalidad; vestido de forma impecable y con un gesto duro que apenas sonreía. Además de un profundo conocimiento y clara disertación de los temas que se estaban manejando. Al ser un curso de discusiones en clase, teníamos que participar forzosamente; sin embargo, en aquel entonces yo padecía de una severa tartamudez que se incrementó por sentirme intimidado por la personalidad del doctor. Ante esta situación, después de al menos el primer mes de iniciado el semestre, fui a buscarlo a su cubículo y explicarle, como pude, mi situación. Buscando así que mi falta de participación en clase no fuera vista como una falta de atención a las lecturas y que esto no repercutiera en mi calificación.

Debo señalar que pensé mucho el acudir a buscarlo. Pensaba, por la imagen que tenía de él en el salón, que no me escucharía, además que no tenía pensado una propuesta alternativa que me ayudara en esta complicada situación.

Al estar sentado, viéndolo en su escritorio rodeado de libros me sentí más empequeñecido todavía. Pero después de escucharme sin ninguna premura y de forma apacible, me propuso que nos reuniéramos en su cubículo al menos dos veces a la semana para comentar y discutir las lecturas y seguir asistiendo a las clases con el resto del grupo. Acepté con nerviosismo su propuesta y empezamos a la siguiente semana las reuniones.

Quiero y debo decir que además de aprender de las lecturas, poder platicarlas con el Doctor de la Isla en forma privada y sin premuras, logró que la confianza en mí mismo empezara a crecer, que me sintiera más seguro de lo que pensaba de algún tema y, primordialmente, poderlo expresar sin sentirme disminuido e inseguro.

En retrospectiva y ahora con poco más de 30 años como profesor universitario y periodista, entre otras actividades, debo decir que lo sucedido en ese momento marcó mi vida, se fue eliminando la tartamudez y me dio seguridad en mí mismo.

Gracias, muchas Gracias Doctor Carlos de la Isla por su apoyo y ayuda.

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